La gente de la plaza de mi barrio es rara. (Resumen al fondo)

Bien, este curioso título básicamente es sólo para contar lo que me pasó ayer por la noche en la plaza donde suelo salir por las noches a pasear a mis perras, que luego se me olvida, con mi memoria de pez últimamente, y esto quiero recordarlo.

Como ya sabeis, yo tengo una plaza al lado de casa donde suelo sacar a las perritas por la mañana y por la noche a dar una vuelta.

Ayer, después de fracasar estrepitosamente en la final de la liga de Junio de trivial, a eso de las once y media aproximadamente, me fui con las dos gordas para allí.

Me gusta mucho sacarlas a estas horas, ya tarde, porque suelo estar más sola que la una, salvo alguna que otra excepción. Es una hora magnífica porque la perra grande (Tana), puede tener todo el miedo que quiera, correr todo lo que quiera, y no corre peligro de morir cebada por gente bienintencionada que le da cachos de chorizo, trozos de pan y mierdas varias pertenecientes a su merienda.

La perra pequeña también está más tranquila, no se desgañita ladrando a todo lo que ve, ya que no hay nada que ver, y puede comer barro a sus anchas sin que los jardineros intenten asesinarla con sus múltiples herramientas para plantar geranios.

Pues bien, como iba diciendo,  a esas horas sólo suelen estar los borrachines plantados por el ayuntamiento allí. Es difícil precisar el número (oscilante), y conocerlos a todos, porque se van rotando. Un día están cuatro, al siguiente doce y al siguiente tres, ninguno de ellos los mismos que los anteriores.

Pero bueno, poco a poco he ido consiguiendo una cierta amistad con ellos.

Entre los habituales profesionales del vino,  de un tiempo para aquí, hay tres polacos que prácticamente viven en la plaza.

Estos tres chavalotes, al principio estaban solos, pero poco a poco, se han ido acercando a los borrachines autóctonos, y cada día me resultan más sorprendentes. Están aprendiendo castellano a una velocidad alarmante, para discutir, comentar y debatir absolutamente todo lo que acontece bajo el sol con sus compañeros de banco.

Suelen tener unas peleas muy gordas, que acaban casi siempre de la misma manera:

1.- Se amenazan, pero como se olvidan del por qué de la discursión, se les pasa.

2.- Uno se pone de morros y se va a otro banco solo, y a los diez minutos aproximadamente, otro se le acerca con un tetra brick de vino en señal de tregua, y se restablece la calma.

3.- Se intentan atizar, pero como ninguno está en condiciones, no llega la sangre al río.

Los polacos, que antes me pedían tabaco con excesiva asiduidad para mi gusto, decidieron no volverme a pedir (y así me lo dijeron) a no ser que fuera un caso extremo, ya que “les caía bien y no querían abusar”.  E incluso llegaron a preguntarme en casi perfecto castellano si Tana era un labrador retriever (y casi aciertan, es golden retriever, y cuando se lo expliqué, me entendieron).

Ja! Que levante la mano el que sepa decir cualquier raza de perro en polaco. Pues esta gente ya se sabe hasta esas cosas en castellano. Repito, es sorprendente.

Otra cosa buena que tienen, es que si por un casual alguna persona me molesta, a mí o a más gente con perros habituales de la plaza, suelen ayudarnos, a su manera.

Pues volviendo a la noche de ayer, bajé tranquilamente, solté  a Tana, intenté localizar a Euri, que al ir suelta siempre suele ir bastante más deprisa que yo, y ví de reojo tres sombras en un banco.

Estaba oscuro, y si yo no veo ni cascorro de día pues en esas condiciones menos, así que no reconocí a nadie, aunque me figuré que serían los polacos, y me puse a pasear un rato.

Pues bien, de repente veo a mis perras salir disparadas hacia las tres sombras. Es curioso, porque no suelen acercarse así a la gente, así que me imaginé que eran conocidos o algo así.

Me acerco, y literalmente me encuentro este panorama.

Tres varones, el primero de ellos, de unos 45 años, gordito. El segundo, de unos 34 o 35 años, calvo y camisa hawaiana. El tercero, un pastillero con gafas de sol en la cabeza, que no llegaría a los 30. Los tres estaban con dos tupers allí poniéndose como el kiko a alitas de pollo, tortilla de patatas y pan.

La verdad es que la mezcolanza era espectacular. Y por supuesto mis perras estaban allí a ver si caía algo.

El Neng de Castefa me pregunta si quiero cenar, cosa que rechazo amablemente, y noto por su acento que no es de aquí, asi que le pregunto sobre el particular.

Efectivamente, es de Valencia (tendría que haberlo supuesto).

El mayor de los tres resulta ser mexicano, pero parece ser que vive con su padre a dos metros de mi casa desde tiempo inmemorial, y tiene un labrador negro de 10 años que atiende al nombre de “jack”, que no he visto en toda mi vida. (A los que no teneis perro, quizá no os resulte extraordinario, pero los que tenemos perros….quizá no conozcas a todo el mundo en tu barrio, pero conoces la vida y experiencias de todos los perros a 20 kilómetros a la redonda, aunque ni te fijes en el dueño).

Le comento que no me suena haberle visto nunca, y me dice que es que al perro le saca su padre. No sé qué tendrá que ver, pero no tengo confianza suficiente para preguntar.

El tercero de ellos, el calvo, también de mi barrio,  me dice que tiene un perro lobo checo, mezcla con….joder, es que ni lo recuerdo. Ahora me entero de que hay Lobos Checos en Bilbao, pero da lo mismo. Inmediatamente saca su móvil y entre mordisco y mordisco de tortilla me enseña aproximadamente un millón de fotos de su animal. En una de éstas, en el móvil en vez de salir un perro sale una tía, y así de seguido y sin coger aire, me explica que esa era su novia (ahora ex novia), pero que ya no la echa de menos, porque es increíble, desde que tiene perro, en cuanto lo saca a pasear, siempre acaba haciendo amistad y acostándose con alguna propietaria de canes también ¿????????????.

Cuando ya me empieza a parecer demasiada información, y viendo que el picnic se les está terminando, yo ya estoy optando por retirarme, pero  saltan a hablarme de gatos, y de ahí, acojonantemente acaban hablando de plantaciones de marihuana casera, y la ventajas y desventajas del cultivo hidropónico, las plantas feminizadas (no son tan buenas como las normales), los focos de luz y la desgracia de que te salga un macho.

Evidentemente, yo estaba casi mordiéndome la lengua, para intentar descubrir, de qué son amigos estos tres, qué carajo hacen cenando en una plaza un lunes a las doce de la noche, cuando me dan otra sorprendente primicia. VAN TODOS LOS DÍAS!

Pero eso ya no me lo trago. Les informo que no es posible, que yo también voy todos los días mas o menos a esas horas y que no les he visto nunca.

Me desarman por completo diciendo que es que suelen ir más tarde, sobre la una de la mañana o así.

Como empiezo a sentir cierto temor, creo que ya va siendo hora de irme a mi casa, cuando de repente, aparece una perrita pegando botes, y por supuesto Tana sale pitando a jugar con ella.

Detrás de la perrita viene un hombre de unos 60 años, que se acerca a nosotros, y se une a la fiesta extraña.

Genio y figura hasta la sepultura,  los tres cenadores de mi plaza, le ofrecen lo poquillo que queda de comida al hombre, que se lo agradece y dice que “ya ha comido”.

Estos tres, se disponen a recoger sus bártulos, y con un amistoso “pues ya nos veremos por aquí”, se piran y me quedo sola con el dueño de la perrita, que así a priori parecía cabal.

Y me encuentro con una situación bastante incómoda. Ese tipo, lo único que quería (o parecía) era que yo le preguntara cosas. Me sentía Mercedes Milá.

A las doce y media de la noche yo no estoy para mucha charla, pero le hacía una pregunta de cortesía, me contestaba y se me quedaba mirando a la espera de la siguiente. No era una comunicación fluída entre dueños de mascotas, era un interrogatorio en tercer grado por mi parte.

Tenía eso o el silencio incómodo, y la verdad no sabía por cual optar. Cuando dejaba de hacerle preguntas, él se extendía en la respuesta anterior, porque quizá no me había quedado suficientemente clara, y cuando por fin callaba me miraba como: venga, vamos, pregunta más, pregunta!

Total que al final me enteré absolutamente de toda su vida, desde su anterior perro (Pastor Alemán, fallecido con 9 años por cáncer de próstata), pasando por el nuevo (Mezcla de gos d’atura, recogido con 2 meses y medio mediante foto al mail, se enamoró y se lo quedó), a su situación actual (vive sólo con la perra, trabaja hasta las siete de la tarde, fuma ducados), pasando por viajes al pueblo y vacaciones varias, destrozos en su casa por el cachorro (cojines, sofás, calcetines), y en fín, no sé de qué partido político era porque eran ya la una de la mañana y mi sueño venció a mi charla de cortesía.

Así que espero mis bajadas a la plaza de los próximos días con cierto escepticismo. Entre mis tres nuevos amigos, el hombre encuesta, los polacos, y los borrachos autóctonos, carajo, desde luego aburrirme no me voy a aburrir.

RESUMEN PARA VAGOS: Saco a las perras y me encuentro a un mexicano de 45 años, un follador de propietarias de perros de 35 y un bakala valenciano con gafas de sol por la noche de 25 años cenando tortilla en un banco. Son amigos y cenan todos los días allí a partir de la una de la mañana. Se nos une un hombre mayor cuya única obsesión en la vida es contestar preguntas. Estoy hora y media con ellos y me voy a mi casa.

Ea, a cuidarseeeeeeeeeeee

Nos vemos en fiestas de Rekalde!!!!! Vivaaaaaaaaaaaaaaaaaa

 

 

 

 

 

 

 

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4 comentarios to “La gente de la plaza de mi barrio es rara. (Resumen al fondo)”

  1. Dani Says:

    Qué crack el hombre encuesta. Empatía por encima de todo 😀

    • lenesita Says:

      Era la caña el colega. Pero hubo un momento que en serio, se me secó el cerebro, ya no sabía que preguntar. Parecía Jordi Hurtado.
      Apuntare unas cuantas preguntas en un papelote por si acaso me lo vuelvo a topar

  2. Gala Says:

    Yo quiero ir a ese parque :_

    • lenesita Says:

      Pues ayer, conste en acta que estaban otra vez. Pero ya no me acerqué a ellos. Estaban con una garrafa de cinco litros de zumo de este de frutas, y le oir decir a uno de ellos, despues de saludarme amablemente y yo a ellos “mira, hoy no nos hace ni puto caso”. En fin, si me los vuelvo a encontrar intentare ser mas amistosa

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