Del respeto al desprecio. Formas de llegar al más puro odio. by Oli

Bueno, aquí os dejo una carta muy personal escrita por la señorita Olatz, compañera de aventuras, desventuras, conciertos, y a veces, como hoy, de blog, hacia un compañero de trabajo. Te edito el texto niña, para decirte que tus rollos son totalmente bienvenidos, que todos necesitamos desahogarnos, así que marchando carta:

[Lo primero que quiero decir, a los lectores, pero sobre todo a Lenesita, siento todo este rollo que voy a meter ahora mismo. Eliminalo si lo consideras oportuno.]

Antes…

Desde el primer día que me percaté de tu existencia, mi interés por conocerte no era ni mínimamente apreciable. El hecho de tener un armario entre nosotros evitando el contacto visual, me mantenía en una feliz ignorancia, en la cual te respetaba como ser habitante de una mesa cercana y como apoyo en momentos de dudas contractuales.

Pero un día, me cambiaron de puesto de trabajo, la oficina cambió y nació un buen rollo entre los habitantes del departamento. Lo que te dio pie a querer involucrarte con tus compañeros, acudiendo diariamente a nuestro pequeño hamaiketako. Al mismo tiempo, la empresa anunció las sanciones por fumar dentro de los edificios (ay qué malote eras en aquéllos tiempos…) y tu timidez y vagancia te impedían bajar al exterior a fumarte ‘ese piti’.  Y nació tu ansia. Y tus nervios hicieron que enfermaras. Mocos, tos, irritación de garganta, flemas… un sin fin de síntomas que casualmente son más molestos que el hecho de que fumaras en este nuestro txoko.

Actualmente…

Resulta tremendamente desagradable tenerte en la oficina enfermo todos los días, mostrando una falta de modales insultante. Hacer ruido al masticar al no poder respirar, la boca abierta al comer, toser como un orco o sorber el café no son actos que gusten ser presenciados, y mucho menos cuando hay comida encima de la mesa de este nuestro txoko.

Tu incorporación al buen rollo de la oficina nos ha demostrado que tu educación en colegios de pago y universidades de alto standing no desmerece a la plebe que habitamos en barrios humildes. Quizá haya sido que te lo hayan dado todo hecho desde pequeño, que nunca hayas tenido que pedir nada para tener lo impensable, que a todo te han dicho que sí… Pero has tardado más de 6 meses en darte cuenta de que los cafés no llegan solos a la mesa. Alguien los paga (nunca tú). Incluso diciéndotelo a la cara no te has dado por aludido (difícil momento). Los croissants, por cierto, no nacen del armario como las polillas. Traer 4 napolitanas cada 3 meses (malísimas que ni te las comes tú, que tiene tela) salvan tu desdén.

Lo que me recuerda decirte que no eres más especial que el resto para tener preferencias y elegir la comida a tu libre albedrío, como si fuese tu almacén personal de comida. Se supone que es un bote que tenemos que poner TODOS cada vez que se compra comida. Por tanto, si no quieres participar y eres más feliz teniendo tu propio acopio para tu disfrute personal e intransferible, no pondremos ninguna pega. Es más, te lo agradeceremos, porque no tendremos que pasar el mal trago de recordarte que tienes que pagar, ni tendremos que ver cómo te comes la comida del resto cual jabalí y sin tener en cuenta el hambre del resto.

[break] ¿Comes o cenas fuera del lugar de trabajo? Es una duda personal que tengo desde el 1º día que te vi comer con esa ansia y esa hambre imperecedera tuya, da igual arre que so, dulce que salado, tuyo que de otro. Todo para dentro y el resto hambriento. Y si lo que te mata son las ganas de fumar, tráete tu comida, ¿no? Que hemos llegado al punto de esconder el chocolate y ‘las cosas ricas’. Tu forma de engullir los pintxos o los pastelitos que trae la gente por su cumpleaños roza lo inhumano.

En definitiva, debo comunicarte que contigo no es fácil convivir con tranquilidad si toses como un orco, comes como un jabalí y sorbes el café como un troglodita. Y menos haciendo ruidos extraños todo el rato, soltando improperios al aire cada vez que bostezas, estornudas, toses o te estiras en tu silla. Por cierto, tu forma de grapar las hojas como si quisieras perforar la mesa ha causado más de un susto a la gente de la oficina. Porque le des más fuerte no se grapa mejor.

Lo cual me recuerda que hay un armario con material de oficina. Te lo he advertido ya: la próxima vez que quieras algo del cajón compartido entre mi compi y yo, nos pides permiso antes de abrirlo en mi puta cara como si fuera tuyo.

Futuro…

Desde luego, usando un poco la inteligencia, te podrás dar cuenta de que cada día es mas difícil mirarte a la cara o decirte algo sin que te tenga que decir: ‘eh! no cortes la empanada así que la destrozas’ o ‘Oye, que esas pastas son para mi familia, no te las comas’ o ‘si no te gusta ese bombón, no seas tan cerdo de dejarlo escondido entre los demás bombones masticado y con tus babas’. Sólo pensarlo me da arcadas.

Lógicamente, vienen fechas complicadas: despedidas porque la gente se va de la empresa, navidades… Es el futuro más cercano que nos ‘deleitará’ con tu presencia. Y créeme, me aterra la idea de que por algún tipo de casual me toque sentarme en la mesa a tu lado. O que quieras dirigirme la palabra en algún bar con la música alta, y te acerques más de un metro a mi persona. Tus esputos y tu forma de soltar las secreciones propias de un catarro me hacen vomitar, como ya hice en la cena de agosto. Pero esta vez no tendré el detalle de girar la cabeza, vomitaré en tus zapatos.

[Creo que no hay forma mejor de terminar esta carta que mencionando el vómito, no me voy a despedir ni nada, así lo dejo].

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4 comentarios to “Del respeto al desprecio. Formas de llegar al más puro odio. by Oli”

  1. Dani Says:

    Parece que se trata de un sujeto de tormentosa convivencia. Alguna vez me he topado con uno de esos. Dan puto asco. Siendo el contexto una oficina y dado que al individuo fijo que no se le ocurre emplear a la violencia en ningún caso, podeís usar el recurso de decirle las cosas a la puta cara de forma borde y desagradable hasta que se descubra todo el asco que produce a su alrededor.
    Los pastelitos envenados constituirán el plan B.
    En caso de que tenga un doble para catarle la comida previamente, dos palabras: bombas fétidas.
    He dicho.

  2. Oli Says:

    Dani, no te haces una idea de la repulsion absoluta que produce este ser.
    He pensado incluso en un laxante de uso topico, colocarlo en el plastico de un cruasan y que se cague hasta morir…

  3. Unai Says:

    Solo diré una palabra:
    SUBLIME

    Animo oli, ya me habias hablado de ello. Siento que tengas que lidiar y tratar de “convivir” con semejante especimen.
    muxutxus!!!

  4. lenesita Says:

    Animo Oli, yo ya me se la historia más o menos y ya se que es algo asqueroso. Si quieres le mando esta carta desde mi e-mail. Total, a mi no me conoce de nada XD

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